Chichicastenango, corazón maya
31/10/2026
El autobús, repleto de turistas, ha salido de Panajachel a orillas del lago Atitlán y asciende por las montañas del Quiché. Tras un par de horas de camino, Chichicastenango, como colgado en el vacío, aparece en medio de la montaña. Son las nueve de la mañana de cualquier jueves o domingo del año y el mercado del pueblo hierve a esta hora de actividad. Hacia el mediodía los visitantes extranjeros provistos de cámaras de vídeo y de fotografía se cuentan por centenares, hasta el punto de que se llega a pensar si en realidad Chichicastenango no es más que una atracción turística. Nada más lejos de la realidad. Chichicastenango palpita con corazón maya y constituye uno de sus principales centros, a pesar del auge turístico y de los miles de visitantes que llegan a esta población durante los días de mercado. Chichicastenango desprende una magia especial. El lugar, situado a una altitud de 2.040 metros de altitud, está impregnado de una atmósfera que nos hace retroceder en el tiempo. Si el visitante es capaz de olvidarse de su propio mundo, olvidarse por un momento de cámaras y fotografías, y asimilar la actividad que se despliega a su alrededor percibirá con intensidad la fuerza del mundo maya; lo notará vivo, vibrante y distinto. Y no podrá resistir su atracción. De alguna manera Chichicastenango recuerda a un cuadro que ha sido pintado dos veces. La última capa, la más reciente, muestra el colorido del mercado, la presencia de los visitantes, de turistas y viajeros, las máscaras y tejidos; sin embargo, debajo de esta capa asoman las pinturas primigenias: una manera de existir antigua, el mercado como forma de supervivencia, de intercambio, y en los alrededores de la plaza la adoración de las deidades mayas, a pesar de que las pirámides tengan forma de iglesia y sus dioses la imagen de Santo Tomás.
Los Altos de Guatemala, los departamentos de Chimaltenango, Quezaltenango, Totonicapán y Quiché, están habitados en su gran mayoría por la población maya. Los grupos indígenas, cakchiqueles, quiché, nevaj, por citar tan sólo algunos, constituyen la mitad de la población de Guatemala.Chichicastenango, a la que los mayas quiché, llaman Chugüilá o Tziguan Tinamit, es una población de tan sólo 8.000 habitantes, que sin embargo, reúne en los días de mercado a indígenas provenientes de diversos puntos de la región. Bajan en autobuses o a pie de las montañas y pueblos cercanos. La tarde anterior al día de mercado, la plaza mayor, entre la iglesia de Santo Tomás y la capilla del Calvario, donde se instala el mercado de artesanía, empieza a llenarse de vendedores. Llegan diversos grupos de mayas, cada uno de ellos con sus vestidos originales: la blusa de huipil y la falda que diferencia a una de otra comunidad. Entre ellos apenas hablan español, y sus costumbres, su manera de moverse, parecen pertenecer a otro mundo. Viven entre nosotros, nos venden en el mercado, máscaras y telas de colores llamativos, pero es fácil darse cuenta de que existe algo más: es todo un pueblo, una nación la que manifiesta sus costumbres y creencias. Basta pasearse por las calles empedradas de Chichicastenango durante el día previo al mercado para acercarse al mundo maya. Las familias se cobijan en los tenderetes; se resguardan del frío con plásticos y mantas. Lloran los niños, aúllan los perros y el lugar huele a incienso, a flores y licor. En las escaleras de la iglesia un hombre engulle de un sólo trago una botella de aguardiente y se tumba cerca de la hoguera, mientras busca entre las estrellas los trazos de un dios antiguo.
Puedes leer el Artículo completo en… https://www.viajesmagazine.com/viajes/2015/2/9/chichicastenango-corazn-maya

