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Mandapa Resort, el nuevo hotel del grupo Ritz-Carlton en Bali

<p><img class=" size-full wp-image-2363" src="https://zoomdestinos.es/zoomdestinos/wp-content/uploads/2016/11/bali-resort-01.jpg" alt="" width="900" height="754" /></p> <p>Ritz-Carlton ha elegido Ubud, en el Bali menos explotado, para acoger su tercer "resort", Mandapa. Con campos de arroz y un templo, apuesta por sentir lo local, divisa del nuevo lujo.</p>

El templo de Goa Gajah, la cueva que el gigante Kob Iwa creó rascando la roca con una uña, se accede atravesando la boca de una figura aterradora esculpida en la gruta. Se encuentra a 10 minutos de Mandapa. Hay otros templos sagrados cercanos, como Tirta Empul, donde los fieles se purifican en sus piscinas y manantiales. También hay volcanes, arrozales, ríos, selvas, leyendas, mitos y bosques sagrados habitados por miles de monos. Hay niños jugando con cometas, barullo de motos y coches y puestos de artesanos y vendedores ambulantes. Es el Bali interior, lejos de ese otro Bali de sol y playa que atrae a millones de viajeros a la isla más popular de Indonesia a lugares como Kuta, con un peligroso parecido a Benidorm. Afortunadamente, el desarrollo turístico de la zona de Ubud, considerado centro espiritual y artístico de la isla, ha sido muy respetuoso no sólo con el paisaje, también con la vida local. Uno experimenta la agradable sensación de poder tomarle el pulso a esta tierra y a su gente en este paisaje de selvas, templos y arrozales color verde esmeralda que transmite una curiosa serenidad.

Explica la directora de Mandapa, Ana Henriques, que esa era la idea cuando Ritz-Carlton planteó hacer su tercer resort bajo el lujoso sello Reserve. Mientras que muchos hoteles -incluidos algunos Ritz-Carlton, todo hay que decirlo– parecen carpas de circo prefabricadas que se despliegan no importa dónde, la vocación de este boutique resort era ofrecer una inmersión en la vida y la cultura de la isla. Sentir la vida local sin renunciar, claro está, a los servicios y comodidades del gran lujo. “Más que un resort, es como una aldea, como un pueblo”, matiza Henriques, que habitualmente sale a recibir a sus huéspedes al impresionante pabellón de entrada, realizado al estilo de los que se encuentran en algunos templos. Transmite una de esas primeras sensaciones que intuimos nos acompañarán por mucho tiempo. Ocurre algo similar en sus propiedades hermanas de la Reserve de Puerto Rico y Tailandia. Las entradas imponentes parecen marca de la casa: no hay una segunda oportunidad para causar una primera buena impresión. Pero la gran baza sólo aparece cuando se avanzan unos pasos, hasta llegar a la barandilla de su extremo opuesto. Entonces, desde este alto, se despliega un paisaje inesperado de campos de arroz, construcciones tradicionales y hasta un templo centenario que forman un valle frondoso de acusada pendiente que desciende unos 100 metros hasta el río Aung. Ahora se entiende mejor por qué Henriques prefiere hablar de pueblo que de resort.

Mandapa, que abrió sus puertas hace ahora un año, dispone de 60 habitaciones en sus 10 hectáreas de terreno. Las 35 suites están enclavadas en las laderas y las 25 villas con piscina propia se sitúan en el valle, junto al río. Entre la ladera y el río Aung se despliegan las terrazas cultivadas de arroz. Y en medio, el templo. Una configuración típica de aldea balinesa. No parece un sucedáneo diseñado en el cuartel general de la cadena en EEUU, en Chevy Chase. El secreto de esta autenticidad tal vez se encuentre en el origen del resort. Hace años, un grupo inversor de Yakarta adquirió estos arrozales cultivados por 30 familias de un pueblo cercano. El contrato establecía que los antiguos campesinos podrían seguir acudiendo al templo al que durante cuatro generaciones habían asistido sus antepasados y los que quisieran podrían colaborar en los campos de arroz. El balinés tiene un apego profundo con su tierra. Ritz-Carlton Reserve llegó a un acuerdo con los inversores indonesios para su explotación como hotel, pues la propiedad encajaba perfectamente en los planes de su marca más exclusiva: un resort de pequeño tamaño diseñado para procurar una experiencia incardinada a la perfección en la cultura y el paisaje local. “La filosofía de este espacio se asienta sobre tres pilares: bienestar, cultura balinesa y personalización: hay opciones para el que viene a descansar y para quien llega con la familia y quiere todo tipo de actividades”, explica su directora.
 
A los antiguos campesinos se les ve realizando ofrendas en el templo de Mandapa y muchos colaboran en la cosecha de arroz. Esta es una de las experiencias que el huésped no puede perderse, sería como ir a Venecia y no recorrer el Gran Canal. Ataviados a la manera local, hay que remangarse, descalzarse y plantar arroz de la forma tradicional, familiarizándose con el subak, un sistema de irrigación milenario arraigado en la cultura balinesa. En unos meses le llegará por correo a su casa una curiosa recompensa: el hotel tiene el detalle de enviar a sus huéspedes los primeros granos de arroz de la planta que sembraron en estas tierras volcánicas y extremadamente fértiles.

El terreno de Mandapa no sólo es fértil, es también empinado, pero siempre hay cerca un mayordomo (patih) con un buggy. El diseño del resort lleva la firma del estudio Designwilkes, uno de los más prestigiosos de Asia, con trabajos en los Mandarin Oriental de Bangkok, Hong Kong y Tokio o el Four Seasons de Langkawi (Malasia). En las suites y villas llaman la atención unos murales coloridos realizados por artistas indonesios que le dan un toque contemporáneo y muy fresco sobre las maderas oscuras en las que están realizadas las villas de estilo balinés. Las piscinas se iluminan por la noche y su agua color jade nos recuerda a los luminosos campos de arroz. Kubu, uno de sus restaurantes, se encuentra junto al río y presenta la forma de grandes cestos de bambú que salen de la selva. Las opciones gastronómicas están a la altura de la excelencia del resort y también se pueden disfrutar en la Sawah Terrace, contemplando los campos de arroz.